Eucaristía con la Familia Vicenciana en Chicago

5Con gran alegría y agradecimiento a Dios, me gustaría ofrecer mi saludo más afectuoso a todos los miembros de las diferentes ramas de la Familia Vicencianas en Estados Unidos, así como hacer llegar un caluroso saludo a todos los miembros de la Familia Vicenciana en todo el mundo.

Con profunda confianza en la Providencia, podemos mirar con gran esperanza el futuro, pues el carisma que tratamos de vivir como miembros de la Familia Vicenciana en el mundo de hoy es un gran «signo de estos tiempos».

Inspirados y acompañados por la Virgen de la Medalla Milagrosa, por San Vicente de Paúl —el evangelizador de los pobres—, por los muchos Santos y Beatos de la Familia Vicenciana y por tantos miembros maravillosos de la Familia en todo el mundo que, hoy en día, son destacados ejemplos y mentores de cómo encarnar el carisma vicenciano, tenemos todas las herramientas necesarias para participar activamente en la construcción del Reino, haciendo de este mundo un lugar mejor para todos.

Hemos terminado, recientemente, el «año de la colaboración» de la Familia Vicenciana. ¡Fue un año de grandes bendiciones!

Creció nuestra conciencia de lo importante y esencial que es colaborar entre nosotros, tanto hacia dentro de las ramas individuales, como las ramas vicencianas entre sí, en los planos local, nacional e internacional.

En nuestros hermanos y hermanas hemos descubierto los muchos regalos, de todo estilo y condición, que Dios ha otorgado a cada persona.

Hemos visto los resultados positivos que se consiguen al compartir nuestros talentos y dones en proyectos o compromisos concretos, consiguiendo ser mucho más eficaces en sus objetivos y produciendo frutos mucho más duraderos.

Hemos conocido nuevas ramas y miembros de la Familia Vicenciana en el mundo, cuya información actualizada se añadió a la lista, que actualmente cuenta con más de 225 ramas diferentes, sean hombres y mujeres de congregaciones religiosas o miembros de asociaciones o grupos de laicos.

En muchos sentidos esto ha sido posible gracias a los grandes esfuerzos de los miembros de la Oficina de la Familia Vicenciana Internacional, de nueva creación, ubicada en Filadelfia, Estados Unidos.

Mas aún está lejos de conocerse en su totalidad el número de miembros de nuevas ramas que se han de añadir a la Familia Vicenciana en todo el mundo.

En diferentes partes del mundo seguimos descubriendo nuevas congregaciones, grupos, asociaciones, así como individuos que en este momento todavía no pertenecen oficialmente a alguna rama específica, pero que viven el carisma vicenciano en un modo concreto y activo.

Es mi esperanza y deseo que cada vez más individuos y grupos enteros, asociaciones, congregaciones religiosas, se unan a la Familia Vicenciana.

Es nuestra misión común, confiada por el mismo Jesucristo, en nombre de los pobres. Un símbolo maravilloso, que habla poderosamente de colaboración o de apoyo dentro de la Familia Vicenciana, es la imagen de piezas de rompecabezas, de diferentes colores, formas y tamaños, que, después de colocarlas juntas, componen un hermoso cuadro.

¡Pero es necesario que crezca aún más la colaboración entre los diferentes miembros de la Familia Vicenciana!

Debemos evitar cualquier individualismo en nuestro servicio a los pobres, tanto a nivel personal como a nivel de una rama concreta, para construir el Reino juntos, como familia.

¡Ese es el único camino a seguir y la forma de obtener resultados efectivos y duraderos!

Es el carisma de San Vicente de Paúl, la espiritualidad vicenciana que hace de nosotros sus seguidores, miembros de una misma Familia.

Las cinco virtudes que forman parte de la espiritualidad vicenciana: la sencillez, la humildad, la mansedumbre, el abandono de uno mismo —que trae resoluciones concretas como ofrenda a Jesús y a los Pobres— y el celo, dan forma a nuestras vidas para protegernos contra las diferentes tentaciones y atractivos del mundo, en el que las personas viven como si Dios no existiera, como si Jesús fuese una figura irrelevante en la historia de la humanidad, en el que todo gira alrededor de uno mismo, sin tener tiempo para el hermano y la hermana de al lado, así como para las innumerables personas de todo el mundo que están sufriendo, esperando y deseando ser ayudadas.

Las cinco virtudes son como una cadena que hace que nuestra vida crezca en santidad, uniéndonos cada vez más en Cristo.

La sencillez nos conduce a la humildad, la humildad a la mansedumbre, la mansedumbre nos hace más fuertes al renunciar a uno mismo, haciendo de las decisiones y resoluciones concretas, en los diferentes momentos de nuestro viaje vital, una ofrenda agradable a Dios, lo que nos hace, finalmente, crecer en celo, inflamando nuestros corazones por la misión que nos ha sido confiada por Jesús, Evangelizador de los Pobres.

En la primera lectura, el quinto libro de Moisés nos dice que el mandamiento o los mandamientos no están muy lejos de nosotros porque sean imposibles de alcanzar y seguir, sino están, de hecho, al alcance de nuestras manos, están dentro de nosotros, en nuestro corazón.

Por esta razón, cuanto más lleno esté nuestro corazón del Espíritu de Jesús, más fácil será encarnar los Mandamientos en nuestra propia vida.

El Evangelio de hoy, la parábola del buen samaritano, termina con estas palabras: «id y hacer lo mismo».

Es una invitación, una llamada urgente a seguir caminando tras las huellas de Jesús, Evangelizador de los Pobres.

Como miembros de la amplia Familia Vicenciana, continuando en la profundización en nuestra colaboración, así en las cinco virtudes vicencianas, podemos mirar con mucha esperanza al futuro, para cumplir de la mejor manera posible la misión que se nos ha confiado.

https://www.youtube.com/watch?v=cNhozEvQBXA