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La gracia y el desafío del discernimiento

Hoy, 3 de julio tuvimos una provechosa mañana de retiro, guiada por Mons. Varghese Thottamkara, CM, que nos invitó a experimentar intensamente la Asamblea General como una oportunidad privilegiada para el discernimiento de la voluntad de Dios para la Congregación.

1. Después del oficio de Laudes, oímos atentos la primera meditación sobre el tema del discernimiento. Fieles a nuestra tradición espiritual, comenzamos contemplando el ejemplo de Jesucristo, en su búsqueda constante de discernimiento para realizar fielmente la voluntad del Padre que lo envió. Contemplamos también a San Vicente en su confianza en la Providencia y en su continuo esfuerzo por cumplir con la voluntad de Dios. Fuimos animados a entender y ejercer la práctica del discernimiento como sondeo de nuestras experiencias internas (pensamientos, emociones y deseos) para intuir en qué dirección nos orientan, qué decisiones, elecciones y compromisos nos inspiran, dónde se originan. Cuáles son los ímpetus que nos santifican y cuáles son las tendencias que nos desintegran y nos alejan de los designios de Dios, cuya voluntad es la plena realización de sus hijos e hijas en el amor. El predicador nos propuso algunas condiciones indispensables para el discernimiento, tales como:
a) Buscar la voluntad del Señor en la vida presente, en la sucesión de los acontecimientos y en la interacción con la gente;
b) Purificar la imagen que tenemos de Dios para reconocerlo en la revelación de su amor providente;
c) Dedicarse con perseverancia a la oración y a la contemplación;
d) Conocer y evaluar nuestra interioridad, con las intenciones, pensamientos y deseos que la habitan;
e) Tener en cuenta la realidad que nos rodea y las fuerzas que actúan en ella;
f) Liberarnos de las resistencias que nos impiden lograr lo que el Señor nos inspira (orgullo, miedo, ansiedad, resentimiento, ideas distorsionadas, etc.);
g) Practicar el amor fraterno en la acogida, en el servicio y en el perdón;
h) Aprender a enfrentar con paz las adversidades y los riesgos.

A estas estas ocho indicaciones generales, el Obispo Varghese añadió otras dos de carácter marcadamente Vicentinas: emplear nuestras cinco virtudes características en el proceso de discernimiento espiritual, y tener en cuenta los valores y exigencias de nuestra identidad específica de seguidores de Cristo evangelizador de los pobres en el camino de San Vicente. Transitando este camino, no vamos a ceder a la tentación de vivir en la superficialidad y la dispersión, asumiendo nuestras responsabilidades de cualquier modo, sin convicción, fuerza ni entusiasmo. Por el contrario, vamos a vivir y actuar con un sentido de la fe, con esperanza dinámica y amor incansable, buscando en todo agradar a Dios en el cumplimiento de la misión que se nos ha confiado.
A los movimientos que descubrimos en nuestro interior, necesitamos asociarlos a las percepciones que tenemos de la realidad social y eclesial que nos rodea, los signos de los tiempos, contemplándolos con los ojos de Jesús, mirada que favorece a los pobres, que se compadece de los enfermos y se muestra indignado contra el pecado, el egoísmo y la injusticia. Sólo una mirada iluminada por la fe y la realidad, puede, de hecho, suscitar en nosotros el compromiso por el Reino de Dios, llegando a ser más generosos, creativos y audaces en nuestras respuestas a las llamadas de los pobres y a las necesidades de la Iglesia.
El discernimiento al que somos llamados en una Asamblea General es de naturaleza colectiva. En él, de hecho, están involucrados nuestras disposiciones personales y comunitarias con el fin de descubrir lo que el Señor quiere de la Congregación en este momento de su historia. Esto significa que necesitamos asegurar algunos criterios básicos, tales como, por ejemplo, la consideración mutua, la disposición de aprender unos de otros, la búsqueda conjunta de la verdad, la renuncia a etiquetas y a juicios precipitados, transparencia y sencillez en la exposición de ideas, escucha respetuosa de todos, la disponibilidad de tiempo para reflexionar y ponderar, la construcción gradual de consenso, la confianza en el Espíritu que nos infunde sabiduría para el discernimiento y fortaleza para su aplicación práctica.

2. La segunda meditación se detuvo en el discernimiento requerido por nuestra Asamblea General 2016. En este punto, el predicador echó mano de la experiencia y de los conocimientos adquiridos durante sus años de pertenencia a la CM y de los servicios relevantes que prestó en el Consejo General y en su provincia de origen. Presentó a continuación algunos ámbitos de discernimiento contemporáneos para la Congregación, interpelándonos a asumir los criterios de Jesucristo, con el fin de que la Asamblea General pueda responder a las expectativas legítimas de la Iglesia, de los pobres y de los cohermanos. “Dejen que la persona de Cristo piense, reflexione y escuche a través de ustedes, para que puedan producir fruto que permanezca.” Para esto nos presentó algunas indicaciones, tales como:
a) Preguntarnos cuál es la voluntad de Dios para la Congregación en esta Asamblea, manteniendo la actitud de la oración, dejando que el Señor nos guíe, provoque y sorprenda, buscando en todo su gloria.
b) Preguntarnos qué esperan los pobres de nosotros, como sus misioneros y servidores, cuáles son sus necesidades más apremiantes, sus anhelos más profundos, sus esperanzas más auténticas.
c) Preguntarnos qué espera la Iglesia de nosotros, cuáles son las orientaciones de nuestras diócesis, permaneciendo abiertos al diálogo con sus instancias mediadoras (magisterio, jerarquía, etc.).
d) Preguntarnos lo que la Congregación necesita, penetrando en el corazón de San Vicente, escuchando a los cohermanos, buscando nuevas formas de preservar y promover el carisma, cultivando y actualizando el espíritu de nuestras Constituciones.

Nuestro hermano obispo propuso algunas actitudes apropiadas para una participación fructífera en la Asamblea General:
a) Ampliar nuestra visión de la Iglesia, los pobres y la Congregación, teniendo en cuenta la universalidad de la misión, las diferentes caras de la pobreza y el carácter internacional de la Compañía.
b) Purificar las ideas y conceptos que tenemos de los cohermanos con el fin de acogerlos en la fe, animarlos en la fidelidad y estimularlos en la misión.
c) Rechazar todo lo que se aparezca como contrario al discernimiento: pensamientos mezquinos, palabras imprudentes, actitudes interesadas, procedimientos unilaterales e influencias nocivas.

Por último, nos alentó a elegir al nuevo Superior General y su Consejo, teniendo en cuenta los retos, necesidades y prioridades de la CM para los próximos seis años, resistiendo al espíritu mundano de la búsqueda del propio interés (personal o colectivo). La pregunta que tenemos que hacernos es la siguiente: a partir de la información disponible, ¿cuáles de los COHERMANOS son los más indicados para animarnos a hacer frente a los retos que la Congregación tiene ante sí destacando la vitalidad de nuestro carisma misionero? Sería necesario volver a los criterios enumerados en la sesión de la tarde de ayer. Es importante que entre el nuevo Superior General, el Vicario y los asistentes, se valorice una complementariedad que garantice el intercambio de dones y de habilidades.

3. Concluimos el retiro con la Eucaristía celebrada en la parroquia de San Vicente de Paul, en este día en el que el Evangelio nos invita a ir en misión con las características descritas por el Señor al enviar a los setenta y dos discípulos, dispongámonos a ir al encuentro de las personas a las que a Él mismo le gustaría ir, a los pobres, nuestros hermanos.