Homilía: Lunes, 27 de junio 2016

Lecturas: Amós 2: 6-10, 13-16; Mateo 8: 18-22

Durante estos 12 años pasados como Superior General, les he hablado en muchas y variadas ocasiones. Cada año he escrito un mensaje en el Adviento y en la Cuaresma, y les he dirigido cartas a ustedes y a todos los miembros de la Familia Vicentina en fiestas significativas y en otros días importantes de nuestra historia. Ya no hay mucho que pudiera decir que ustedes no hayan escuchado. Por eso, hoy, en esta mi penúltima homilía como Superior General, quisiera seguir lo que he intentado hacer durante mi período como General, es decir, quiero animarlos, como Misioneros de la Congregación, a dar testimonio a esta iglesia que se dirige hacia afuera.

¿No es esto lo que hizo Jesús? En el evangelio de hoy Jesús les responde a diferentes personas que quieren seguirlo. Jesús deja muy claro que este compromiso exigirá sacrificios y que limitará sus posibilidades de ocuparse en otras actividades. En otras palabras, hay una cierta naturaleza incondicional en el discipulado Cristiano; y por lo tanto, uno debe evitar que los lazos familiares u otras obligaciones le distraigan a uno de proclamar la Buena Nueva.

Vayan, dice Jesús,  y proclamen el Evangelio; den de comer a los hambrientos, den de beber a los sedientos, vistan a los desnudos, cuiden de los enfermos, visiten a los encarcelados, acojan a los extranjeros entre ustedes, mantengan a los pobres, las viudas y los huérfanos. (Mat. 25: 31-46).

Vayan, dice Jesús,  a proclamar la libertad a los cautivos, la recuperación de la vista a los ciegos, dejen libres a los oprimidos y proclamen un año aceptable al Señor (Lucas 4:18-19)

Por qué se quedan mirando al cielo? Este Jesús que se les ha quitado ha ascendido al cielo. Por eso, vayan y proclamen la Buena Nueva de  que Jesús está en medio de ustedes (Hechos 1:11).

¿San Vicente no hizo lo mismo?

Dios nos está diciendo, dijo Vicente, que vayan, ustedes los Misioneros! Qué?  Aún están aquí y hay pobres esperándolos, personas cuya salvación tal vez depende de su predicación y catequesis! (CCD XI 121) [1] Vayan y visiten a una cadena de presidiarios; allí encontrarán a Dios. Vayan y atiendan a los niños y encontrarán a Dios allá.  Vayan y visiten las casas de hombres y mujeres pobres y encontrarán a Dios allá. (CCD: IX: 199).

¿No hizo Federico Ozanam lo mismo?

Vayamos y atendamos a la gente que tiene demasiadas necesidades y pocos derechos, que  con razón exigen una porción más amplia de los asuntos públicos: seguridad en el trabajo y protección contra la pobreza…Vayamos  y subamos las escaleras a la habitación del pobre; sentémonos junto a sus camas y sintamos el mismo frío que atraviesa a ellos; escuchemos mientras comparten los secretos de sus corazones solitarios y sus mentes preocupadas.[2]

Pero ir no es un fin en si mismo. De hecho, ir es solo el primer paso en un proceso vitalicio de desarrollar una relación más íntima con Dios y fortalecer los lazos de solidaridad con nuestros hermanos y hermanas, con nuestros amos y señores, con toda la creación.

¿Qué está involucrado en este “ir”? Desde que Roberto Maloney fue Superior General, hemos estado involucrados en varias misiones internacionales. Aunque esto ha sido una iniciativa nueva en la Congregación, podemos trazar sus raíces hasta los tiempos de San Vicente de Paúl que envió a los misioneros a Madagascar, Irlanda, Escocia, Polonia, Italia, Tunis y Algeria. Si bien es cierto que somos una Congregación compuesta de Provincias individuales, somos ante todo una Congregación internacional, y esa realidad caracteriza la manera en que “vamos”.

Entonces, ¿qué más está involucrado en este “ir”?  La postura fundamental de nuestra Congregación significa que yo y ustedes estamos dispuestos a involucrarnos en la vida diaria de las personas marginadas que viven en las periferias de la sociedad. Y no actuamos ni ejercemos nuestro ministerio solos. Más bien vamos y trabajamos como miembros de una gran Familia Vicentina. Vamos y trabajamos desde un enfoque de cambio sistémico. Es por eso que yo he tomado el tiempo para dialogar con la Familia Vicentina más amplia en todas mis visitas a las diferentes Provincias. No tengo duda alguna de que, como Familia Vicentina, tenemos el potencial para transformar el mundo. Además, estoy más convencido de ello como consecuencia de mis conversaciones con ustedes, como consecuencia de la realidad de que caminamos por un camino común, como consecuencia de compartir con ustedes la Palabra y el Pan.

Sigamos en la Fracción del Pan y en el compartir de la Palabra en esta  celebración Eucarística;  y fraccionemos el mismo Pan mientras encontramos a Cristo en nuestros hermanos y hermanas marginados que viven en las periferias de la sociedad.

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[1] VINCENT DE PAUL, Correspondence, Conferences, Documents, traductores: Helen Marie Law, DC (Vol. 1), Marie Poole, DC (Vol. 1-14), James King, CM (Vol. 1-2), Francis Germovnik, CM (Vol. 1-8, 13a-13b [Latin]), Esther Cavanagh, DC (Vol. 2), Ann Mary Dougherty, DC (Vol. 12); Evelyne Franc, DC (Vol. 13a-13b), Thomas Davitt, CM (Vol. 13a-13b [Latin]), Glennon E. Figge, CM (Vol. 13a-13b [Latin]), John G. Nugent, CM (Vol. 13a-13b [Latin]), Andrew Spellman, CM (Vol. 13a-13b [Latin]); edited: Jacqueline Kilar, DC (Vol. 1-2), Marie Poole, DC (Vol. 2-14), Julia Denton, DC [editor-in-chief] (Vol. 3-10, 13a-13b), Paule Freeburg, DC (Vol. 3), Mirian Hamway, DC (Vol. 3), Elinor Hartman, DC (Vol. 4-10, 13a-13b), Ellen Van Zandt, DC (Vol. 9-13b), Ann Mary Dougherty (Vol. 11, 12 and 14); anotado: John W. Carven, CM (Vol. 1-14); New City Press, Brooklyn and Hyde Park, 1985-2014; volume XI, p. 121; referencias futures a esta obra serán insertas en el texto utilizando las siglas “CCD” seguidas por el número del volumen y el número de la página, por ejemplo, CCD:XI:121.

[2] Louis Baunard, Ozanam in his Correspondence, traduced por un miembro de la Sociedad de San Vicente de Paúl,en Irlanda, Catholic Truth Society of Ireland, Dublin, 1925, p. 279